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martes, 31 de marzo de 2015

Extracto de "El hombre que inventó Manhattan" de Ray Loriga

Ruth Francken

"Acostumbrado como estaba a esa rutina que convertía los días en monstruos idénticos, no conseguía imaginarse a sí mismo enfrentado a lo excepcional"

Frase del libro "El hombre que inventó Manhattan" de Ray Loriga.

Extracto del libro "¡Melisande! ¿Qué son los sueños?" de Hillel Halkin

Jindřich Štyrský


"No voy a volver a describir aquella noche. Lo que quiera que yo te contara fue cierto. ¿Te conté que ella y yo hicimos el amor más de una vez? Hicimos el amor más de una vez. ¿Te conté que la primera vez me resultó tan raro que casi tuve que parar porque todo estaba en el lugar equivocado, todas las partes blandas, las partes duras, las partes secretas? Resultó tan raro que casi tuve que parar. ¿Te conté que después disfruté? Disfruté. ¿Te conté que una vez ella gritó tan fuerte que tuve que taparle la boca con mi mano? Le tapé la boca con mi mano. Todos esos detalles son estúpidos. La mayoría de las descripciones sobre sexo son estúpidas. Los seres humanos se parecen más entre sí haciendo el amor que haciendo cualquier otra cosa. ¿Qué esperan que les cuenten que no sepan ya?"


Fragmento del libro "¡Melisande! ¿Qué son los sueños?" de Hillel Halkin.

Extracto del libro "Cosmópolis" de Don Delillo




"Pero su dolor era una interferencia en su inmortalidad. Era crucial para su condición inconfundible, era demasiado vital para puentearlo, y no era susceptible, le pareció, de una emulación por ordenador. Las cosas que le hacían ser quien era a duras penas podían identificarse, y mucho menos convertirse en meros datos, las cosas que vivían y bullían en su cuerpo, en todas partes, al azar, levantiscas, cientos de miles de millones de billones, en las neuronas y los péptidos, en el latir de una vena en la sien, en los virajes de su libidinoso intelecto. Con todo lo que había ido y venido, ése es quien era, el sabor perdido de la leche mamada en el pecho materno, lo que estornuda cuando estornuda, ése es él, y es de ver cómo se convierte una persona en un reflejo que ve en un escaparate polvoriento al pasar. Llegará a conocerse de una manera intraducible a través de su dolor. Qué cansado se encontraba. La fuerza con que había sujetado el mundo entero, las cosas materiales, grandes cosas, sus recuerdos verdaderos y falsos, la vaga y enfermiza incomodidad de los crepúsculos en invierno, intransferibles, las noches de palidez en que su identidad se aplana por la falta de sueño, la minúscula verruga que percibe en el muslo siempre que se ducha, todo eso es él, y el modo en que el jabón que emplea, el olor y el tacto de la pastilla cóncava le hace ser quien es porque pone nombre a la fragancia, amandina, y el modo en que le pende la polla, intransferible, y esa rodilla que le duele de una manera extraña, el ruido que emite cuando la flexiona, todo eso es él, y tantas cosas más que no resultan convertibles a una sublimación, a la tecnología de la mente sin fin".

Fragmento del libro "Cosmópolis" de Don Delillo.

Extracto del libro "Trastorno" de Thomas Bernhard


Jonathan Wolstenholme

"¿Comprende? En realidad, cuando nos movemos de forma consecuente y, sobre todo, en los libros, nos movemos siempre por paisajes que hace tiempo conocemos. No encontramos nada nuevo. Lo mismo que no encontramos nada nuevo en las ciencias. Todo está prescrito. El frío está dentro de mí, de modo que da igual adónde vaya: el frío entra en mí conmigo. Me congelo de dentro afuera. Sin embargo, en la biblioteca ese frío se hace aún más insoportable. Nada más que cerebros impresos a muerte. Con cada libro descubrimos, para nuestro espanto, un hombre impreso a muerte por los impresores, editado a muerte por los editores, leído a muerte por los lectores".

Fragmento del libro "Trastorno" de Thomas Bernhard.



Extracto de la película "Adaptation (El ladrón de orquídeas)" de Spike Jonze



"Cada orquídea se parece a un determinado insecto, así que el insecto se siente atraído por esa flor, su doble, su alma gemela, y no hay un anhelo mayor para el que hacerle el amor.
Cuando el insecto se aleja, divisa otra flor alma gemela y le hace el amor, polinizándola, y ni la flor ni el insecto entenderán jamás el significado de este acto de amor, pero ¿cómo van a saber ellos que gracias a su danza el mundo sigue girando?
Y así es, por el simple hecho de hacer lo que están llamados a hacer ocurre algo grande y magnífico.
En ese sentido nos enseñan a vivir, nos enseñan que el único barómetro que tenemos es el corazón, y cuando descubres tu flor no puedes dejar que nada te aparte de ella".

Escena de la película "Adaptation" (El ladrón de orquídeas) Spike Jonze (2002)


viernes, 27 de marzo de 2015

Extracto del libro "La broma infinita" de David Foster Wallace

“Lo que haces es esconder tu profunda necesidad de esconderte y lo haces por la necesidad de aparentar ante los demás que tienes la fuerza necesaria para que no te importe qué les pareces a los demás”.




Frase de "La broma infinita" de David Foster Wallace.

miércoles, 21 de enero de 2015

Fragmento del libro "Breviario de podredumbre" de Emile M. Cioran

Jeremy Geddes

"Hoy prefiero tal escritor a tal otro; mañana le tocará la vez a una obra que antaño abominaba. Las creaciones del espíritu -y los principios que las presiden- se resignan al destino de nuestros humores, de nuestra edad, de nuestras fiebres y de nuestras decepciones. Ponemos en tela de juicio todo lo que antaño amamos, y tenemos siempre razón y siempre estamos equivocados; pues todo es válido y todo carece de importancia. Sonrío: nace un mundo; me entristezco: desaparece, y ya se perfila otro. No hay opinión, sistema o creencia que no sea justa y al mismo tiempo absurda, según nos adhiramos o nos separemos de ella".

Extracto del libro "Breviario de podredumbre" de Emile M. Cioran.



Fragmento del libro "A la sombra de las muchachas en flor" de Marcel Proust.

Jennifer Cantwell

"Cuando uno es desdichado, lo es sin duda todo lo que señala una fecha y un aniversario. Pero si lo es, por ejemplo, por haber perdido a una persona amada, el sufrimiento consiste únicamente en una comparación más viva con el pasado. En mi caso, a esto se añadía la esperanza no formulada de que Gilberte, tras haber querido dejarme la iniciativa de los primeros pasos y comprobar que no los había dado, no había esperado otro pretexto que el día de Año Nuevo para escribirme: «En fin, ¿qué pasa? Estoy loca por usted, venga, tendremos una explicación sincera, no puedo vivir sin verle». Desde los últimos días del año me pareció probable esa carta. Tal vez no lo era, pero para que lo creamos así nos basta el deseo, la necesidad que tenemos de que lo sea. El soldado está convencido de que, antes de que lo maten, le será concedido cierto plazo indefinidamente prolongable, el ladrón, antes de que lo cojan, los hombres, en general de que hayan de morir. Ése es el amuleto que preserva a los individuos ─y a veces a los pueblos─ no del peligro, sino del miedo al peligro, en realidad de la creencia en el peligro, hecho que permite en determinados casos arrostrarlo sin que haya necesidad de ser valiente. Una confianza de este tipo, e igual de poco fundada, sostiene el enamorado que cuenta con una reconciliación, con una carta. Para no esperarla, me hubiese bastado que dejase de desearla. Por indiferentes que nos sepamos a la que todavía seguimos amando, le tribuimos una serie de pensamientos ─aunque sean de indiferencia─, una intención de manifestarlos, una complejidad de vida interior en la que quizá seamos objeto de una antipatía, pero también de una atención permanentes".


Extracto del libro "A la sombra de las muchachas en flor (En busca del tiempo perdido #2)" de Marcel Proust.


jueves, 8 de enero de 2015

Fragmento del libro "Prohibido entrar sin pantalones" de Juan Bonilla



Fabian Perez


“Señorita, usted va a tener el gusto de hablar con un ruso célebre y le digo que he visto muchachas más bonitas que usted, más esbeltas que usted, y todas las muchachas se vuelven locas por nosotros, lo poetas, y yo soy inteligente y mi voz es poderosa, y te puedo marear si accedes a escucharme, pero ten en cuenta que a mí no se me caza así como así, los deseos pasajeros no se me suben a la cabeza, porque a mí, el amor me ha herido para los restos, y ya sólo soy un perro que se arrastra por los suelos, porque yo no mido el amor en términos de patrimonio y posesiones, y ella dejó de quererme y me dio la patada, así que me siento tranquilamente ante el piano y no voy a entrar en más detalles, no tontee conmigo, guayabo, que no tengo viente años, ya he pasado con mucho de los treinta y sé que el amor no consiste en que te hierva el cuerpo a borbotones, ni en que se te incendien las entrañas, sino más bien lo que sucede en las cuevas que hay bajo la montaña del pecho, amar es correr al fondo del patio y partir leña para la chimenea haciendo brillar el hacha, poniendo a prueba nuestra fuerza hasta que llega la noche, amar es abandonar bruscamente las sábanas desgarradas por el insomnio, sintiendo celos del mismísimo Copérnico, considerar a Copérnico nuestro rival, él es nuestro enemigo, no del marido de Maria Ivanova el amor no es el paraíso del dinero, sólo el anuncio de que de nuevo se ha puesto en marcha el motor congelado del corazón y usted, señorita, ha roto el hilo que me unía a Moscú, pero ¿cómo se lo explico?, si yo o fuera poeta quisiera ser astrólogo, alboroto en la plaza, ruedan los coches, yo camino anotando versos en la cabeza o en la libreta, los coches corren despavoridos pero no me atropellan, han comprendido que me encuentro en pleno éxtasis y que un enjambre de visiones y de ideas me llega hasta el tuétano y hasta los osos podrían tener alas si yo quisiera, y yo hiervo, en este restaurante barato, hiervo para decirles a los enamorados que tienen que enseñar a los demás a mirar a las estrellas, a los que han perdido la vista y las ganas de mirar al cielo, de plumaje incendiado, tiene que decapitar a los enemigos del amor con su sable luminoso de larga cola, y escucho los latidos de mi propio pecho como si estuviera esperando una cita, cada uno de ellos es una llamada del amor, ese huracán indomable, quién puede contenerlo, ese incendio, ¿puede usted apagarlo?, haga la prueba, señorita, pruebe a contenerlo, pruebe a apagarlo…”

Fragmento del libro "La romana" de Alberto Moravia

Edward Hopper

"Debería darme cuenta de que al portarme así no conseguía ninguna victoria, sino que, por el contrario, me ponía aún más en sus manos, porque me mostraba más dispuesta a entregarme a él, no por puro impulso de amor, sino para amansarlo y convencerlo cuando ya no bastaban las palabras, y ésta es precisamente la conducta de todas las mujeres que aman y no tienen seguridad de ser amadas, pero estaba demasiado cegada por aquella perfección de actitud que su falsedad le consentía. Hacía y decía siempre las cosas que convenía hacer y decir y en mi inexperiencia no me daba cuenta de que aquella perfección era más propia de la imagen convencional de amante que yo misma me había creado que del hombre real que tenía delante".

Extracto del libro "La romana" de Alberto Moravia.

miércoles, 7 de enero de 2015

Fragmento del libro "El cielo de Lima" de Juan Gómez Bárcena

José van Gool

"«Pero eso que dice no puede ser... Tiene que haber algo más... Quiero decir... que el amor es algo más que palabras, ¿no?... Tiene que ser..., es algo que nace de muy dentro, que no puede traicionarse...»
      Se golpea el pecho con pasión cuando lo dice. Pero Cristóbal acoge la interrupción con un gesto desganado.
     «¡De adentro! Y hace un siglo, cuando las niñas de trece eran comprometidas con vejestorios de sesenta y ninguna de esas beldades protestaba ni tantito, dígame, ¿es que no tenían adentro las mismas vísceras que usted? Le diré lo que pasaba: que por entonces no se leían novelas románticas, o sea, que nadie les había dado a las niñas las palabras adecuadas para sentir otra cosa distinta de la que sentían.» Se detiene; le da una palmada en el hombro. «Desengáñese, amigo mío; el amor, tal y como usted lo entiende, lo ha inventado la literatura, lo mismo que Goethe le regaló el suicidio a los alemanes. No somos nosotros los que escribimos novelas, sino las novelas las que nos escriben a nosotros...»


Extracto del libro "El cielo de Lima" de Juan Gómez Bárcena.

martes, 6 de enero de 2015

Fragmento del libro "Las intermitencias de la muerte" de José Saramago

Jan Esmann

"He ahí una palabra que suena bien, llena de promesas y de certezas, dices metamorfosis y sigues adelante, parece que no ves que las palabras son rótulos que se adhieren a las cosas, no son las cosas, nunca sabrás cómo son las cosas, ni siquiera qué nombres son en realidad los suyos, porque los nombres que les das no son nada más que eso, el nombre que le has dado".


Extracto del libro "Las intermitencias de la muerte" de José Saramago.

lunes, 5 de enero de 2015

Poema del libro "Los muros" de Doménico Chiappe.



Fotografía de Danny Lyon


Podría demostrarle que mi hijo morirá de malaria
Y usted no me dejaría entrar en el país.
Podría contarle cómo la sequía calcinó mis cultivos
Y usted no me dejaría entrar en su país.
Podría enseñarle las cicatrices que me dejó el desierto
Y usted no me dejaría entrar en su país.

Podría explicarle que mi hija tendrá 
Larga experiencia como esclava sexual
Antes de su primera menstruación
Y usted pensará en su plan de pensión.
Podría narrarle mi historia
De ablación, explotación y prejuicio
Pero usted no escuchará 
Ninguna palabra que me humanice.

Nunca compadecerá a quien no puede hacerle daño.

Usted quiere encerrarme
En mi celda de fronteras
Por temor a que no sobre 
Una migaja de su riqueza.
Podría enseñarle el kalashnikov que me entregaron cuando cumplí siete años
Con el que maté a mi padre y a mi madre y a otros mil seres humanos.
Podría llevarte al lugar donde yacen los cráneos 
De mi familia y mi pueblo junto al diamante y al cadmio.

Podría contarle cómo el recién nacido chupó de mi teta
Hasta que perdió todas las fuerzas
Y usted no me dejaría entrar en su país.

Podría decirle mi nombre
Y usted no me dejaría entrar en su país,
Ni me dejará nunca pronunciar las palabras,
Ninguna palabra, que me humanicen.

Nunca compadecerá a quien no puede hacerle daño.


Poema extraído del libro "Los muros" de Doménico Chiappe.

Fragmento del libro "Los inmortales" de Manuel Vilas.

Autorretrato - Vincent van Gogh


 "El alcoholismo acaba de nacer, está en pañales. El alcohol es una sustancia sobrenatural. Todo eso se desarrolla con pormenor en la monografía que le he dicho, donde también se demuestra que los hombres del futuro, que serán inmortales, estarán todo el día bebiendo. Creo que Jesús de Nazaret fue el primer alcohólico profundo. Su idea de que nos teníamos que amar los unos a los otros es una idea de borracho iluminado. La Última Cena fue una cena de bebedores profesionales, de grandes alcohólicos en conexión con el Gran Alcohólico Definitivo, o sea, con Dios". 

Extracto del libro "Los inmortales" de Manuel Vilas.

sábado, 3 de enero de 2015

Fragmento del libro "El luminoso regalo" de Manuel Vilas

Drahosch Ludwig



"Come mi hígado. Come mis huesos. Cómeme. Eso os decíais, hagamos el amor con nuestros órganos invisibles, aquellos que nunca han visto la luz. Querías follarte su hígado, meter allí tu polla. Quiero chuparte el corazón, quiero meter mi coño allí, encima de tu corazón. Necesitáis cirujanos que abran vuestros cuerpos y juntes vuestros órganos. Necesitáis cirujanos que abran vuestros cuerpos y juntes vuestros órganos. Lo que ansiáis necesita la alta cirugía del futuro querías que tu vesícula fuese su vesícula. Querías olerle el culo y las axilas hasta el final. Quería conocer todos sus olores. Querías su intestino, su riñón, su esófago, sus vísceras, sus venas. Así folláis vosotros. Nadie folla así".


Extracto del libro "El luminoso regalo" de Manuel Vilas.